¿De profesión? Madre de acogida

acogimientoprofeEl Gobierno prepara una ley para que los niños tutelados por las Comunidades Autónomas vivan en familias y no en residencias.

En España ya hay profesionales que cobran por acoger a niños tutelados. «Los niños crecen más en familia que en los centros», asegura una experta. En Reino Unido y Francia la fórmula del padre de acogida profesional está regulada.

Idoia tiene tres hijos biológicos, pero vive con cuatro niños y, a veces, con cinco. Esta vasca de 49 años es madre de acogida profesional. Cobra un sueldo de la administración por alimentar, cuidar y educar a niños tutelados. En su caso, un chico de 10 años al que llamaremos Manuel y, de forma intermitente, algún bebé de acogida urgente.

Hace tres años Idoia, trabajadora social de formación, buscaba la manera de reincorporarse al mundo laboral, tras dos décadas cuidando de sus hijos -hoy de 14, 17 y 21 años-. Le estaba costando dar el paso, cuando escuchó en la radio que la diputación de su provincia (Guipúzcoa) buscaba profesionales dispuestos a trabajar de forma remunerada acogiendo temporalmente a chicos tutelados. Idoia cobra de la administración por cuidar de un preadolescente y de un bebé tutelados.

«Vi que encajaba con mi perfil. Me gustaba la idea de ayudar a alguien con necesidades especiales y pensé que la experiencia le vendría bien a mi familia», explica.

A casa de Idoia llegó Manuel. Tenía 7 años y arrastraba un duro pasado familiar -del que Idoia no da detalles- que había marcado fuertemente su carácter. La convivencia no ha sido siempre fácil. Al disfuncional comportamiento de Manuel hubo que sumar los reproches de los hijos biológicos, que tuvieron que aprender a compartir el tiempo, el afecto y la atención de su madre. Pese a todo, Idoia describe que el proceso está siendo bonito y que la clave está en la comunicación.

Menores fuera de los centro de tutela

En España aún son pocos los acogedores profesionales como Idoia. A penas una docena en Guipúzcoa, otros tantos en Andalucía… Pero, ahora Cataluña inicia la selección de un millar de profesionales para un trabajo similar. Y Asturias estrena un proyecto piloto. El acogimiento profesionalizado es la apuesta de los expertos que trabajan con menores en desamparo, quienes esperan que la nueva ley de protección a la infancia que ya redacta el Gobierno -para sacar a los niños de 0 a 3 años de los centros de tutela- regule e impulse la figura del ‘padre de acogida profesional’.

Manuel vivirá en casa de Idoia mientras su familia siga sin poder prestarle una atención digna. A diferencia de los adoptados, Manuel sigue en contacto con sus padres biológicos, a quienes ve de vez en cuando. «Hemos conseguido construir un respeto entre las dos familias y eso está ayudando al chico a aprender a comportarse como un chaval normal de su edad», cuenta Idoia.  Y es que antes Manuel necesitaba tener a un adulto permanentemente a su lado, incluso en su clase. «Emitía ruidos raros y era incapaz de mantener la atención. Aún tenemos camino por recorrer, pero ya se se comporta y se esfuerza», dice Idioa orgullosa.

Las Comunidades Autónomas son las que asumen la tutela de aquellos menores cuyos progenitores no están en disposición de hacerlo. Derogados por ley los orfanatos, en los años ochenta se apostó por los centros de tutela, pero de un tiempo a esta parte, «bastante más tarde que en el resto de Europa», según los expertos, se impone el acogimiento familiar como el modelo ideal para el desarrollo de los menores de hogares truncados.

La directora de Aldaima (la agencia que promueve la adopción familiar en Granada), Concha Cuéllar, describe gráficamente las bondades de la acogida familiar: «Se nota hasta en el crecimiento, los niños crecen más en familia que en un centro», reinvindica. Sin embargo, tras un tiempo de auge, el número de familias que voluntariamente acogen a menores empieza a declinar. Según la última estadística del Ministerio, de las 15.000 altas en tutela en un año en España, sólo 3.918 fueron a una familia. Más de 10.844 pasaron directamente de un hogar roto a una residencia infantil.

Impulsar las acogidas familiares

La madre de acogida de Manuel considera las residencias de tutela un mal menor. «Garantizan la protección del menor, pero los niños necesitan algo más: estabilidad y seguridad. Eso lo da una familia, donde los criterios siempre son los mismos, donde no hay turnos laborales», asegura. La ley prevé que todos los menores de 0 a 3 años tutelados vivan en familia.

La directora de Aldaima espera «que la nueva ley haga que nadie se plantee que la acogida familiar no sea la mejor manera de atender a los menores desamparados». Cuéllar cree que el Gobierno debe ser «valiente» y obligar a las administraciones a impulsar y a dotar económicamente programas de acogida profesional.

En la Comunidad de Madrid, la directora del área de familia, Paloma Martín, mantiene que el acogimiento familiar es su prioridad. Con cifras en la mano, presume de haber invertido la pirámide ahora que el 62% de los menores tutelados de la región viven en familia y no en residencias. Es una de las regiones más avanzadas en este modelo. «Desde el verano hasta ahora hemos conseguido cerrar dos residencias de bebés», cuenta Martín, «bebés que van siempre a familias».

«El acogimiento no es caridad»

Madrid aún no cuenta con acogedores profesionales, pero ensaya una fórmula híbrida que son los «acogimientos de urgencia». Varias familias reciben una asignación para cubrir los gastos de un bebé y se comprometen a estar disponibles para acogidas las 24 horas del día. María José y Gualdo han tenido en sus brazos, en año y medio, a cinco bebés. Son recién nacidos a los que sus padres renuncian en el hospital y que permanecen a su cuidado hasta que se les encuentra un hogar definitivo. El hecho de que María José no trabajara fuera de casa, que tuvieran hijos propios y su buena disposición fueron las claves en su selección para el programa, explica Gualdo.

«No todas las familias se pueden permitir que sólo trabaje uno de los dos, es verdad que si se compensa económicamente saldrán más familias interesadas», cree Gualdo. La asignación diaria que reciben les da para pagara la leche, los pañales o la ropa de los bebés. Sus hijos biológicos están encantados de ayudar con los más pequeños. Y, sobre la despedida, Gualdo afirma que siempre «es dura». «Nos quedaríamos con todos los bebés, pero sabemos que hemos hecho una buena labor y estamos tranquilos porque allá donde los llevan van a estar bien».

Josi Insausti, responsable de familia de la diputación de Guipúzcoa, fue el primero en importar la fórmula del acogedor profesional, tras estudiar cómo estaba funcionando en Francia, donde está regulado desde 2005. Insausti cree que su idea irá a más porque «el acogimiento no es una función de caridad. Es asumir una función y un trabajo educativo de un menor separado desgraciadamente de su familia». Lo mismo opinan en Reino Unido, donde ya llevan años pagando a padres por hacerse cargo de menores tutelados.

Pero para esta nueva salida laboral no vale cualquiera. Ya lo dice Idoia: «Cuando te metes en esto asusta. No lo puedes hacer sólo por motivos económicos. Es necesario otro tipo de implicación. Son 24 horas y 365 días al año. Esto es algo que sólo haces por un hijo».

A. Larrañeta

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