“Quiero utilizar mi experiencia personal para mejorar la vida de los jóvenes tutelados”

“Hay mucho desconocimiento sobre la juventud tutelada. El concepto de ‘centro de menores’ trae connotaciones negativas, se asocia a personas conflictivas y no es así”

Carmen Lago residió parte de su adolescencia en una vivienda tutelada de la organización Igaxes3, dentro del sistema de protección de menores. Hoy, estudia Educación Social para convertirse en referente y apoyo de otros jóvenes en la misma situación, en un colectivo vulnerable en el que muchos abandonan los estudios prematuramente y muy pocos llegan a la universidad. Pronto comenzará sus prácticas como educadora en una vivienda de Igaxes3 como en la que ella vivió en su día, con la intención de que la formación complemente su experiencia. Esfuerzo y objetivos son las claves de esta historia

Solo un 1% de la juventud tutelada consigue optar a estudios superiores. La ausencia de una red de apoyo familiar, los condicionamientos propios de la situación personal y la dificultad para compaginar trabajo y estudios como vía para la autosuficiencia una vez concluye la tutela llevan a que el 75% de ellos abandone los estudios de forma prematura. Este no ha sido el caso de Carmen Lago, joven extutelada que hoy estudia Educación Social en la Universidade da Coruña con el objetivo de convertirse en una guía para que más niños y niñas que atraviesen una situación similar consigan llegar a la universidad. Carmen residió parte de su adolescencia en una de las viviendas de la organización Igaxes3, un proyecto dedicado a trabajar la autonomía de la juventud tutelada, para garantizar su autosuficiencia e independencia una vez salgan del sistema de protección de menores. Carmen quiere dejar de ser una excepción, y trabaja día a día para cambiarlo, compaginando estudios y trabajo. Así demuestra que es posible.

¿Cómo es la vida tras abandonar el hogar de Igaxes?

Siempre vives los meses previos con algo de tensión. Al fin y al cabo, se trata de otra etapa de la vida en la que toca salir adelante. La verdad es que te ofrecen bastante apoyo para salir del sistema de protección de menores, siempre sabes que estarán ahí para guiarte en el caso de que lo necesites.

Y en su caso, ¿cómo ha sido ese proceso?

Yo llevo tres años compaginando mis estudios en Educación Social con varios trabajos. Tener una buena organización es fundamental, y cuesta, pero no es imposible, se trata de encontrar un trabajo que encaje bien con tus horarios de estudios. Ahora, que es verano, estoy descansando.

El descanso también es importante.

Es imprescindible. Creo que los tiempos de ocio son muy necesarios, no solo como incentivo sino como una forma de establecer relaciones sociales con un grupo de iguales, creo que ayuda realmente.

¿Qué se aprende en el día a día en la vivienda?

Te enseñan principalmente a ser una persona independiente. Se aprenden tareas del hogar, por ejemplo, pero también temas relacionados con el mundo laboral. Se trabaja la búsqueda activa de empleo, la organización del currículum, se aprende a gestionar correctamente el dinero. En resumen, todo lo necesario para enfrentarte a la vida adulta.

¿Cree que los niños y niñas tutelados salen más preparados para la vida que otros menores en una situación más cotidiana?

Sí, sin duda. En las viviendas trabaja gente muy cualificada que sabe aconsejarte mejor. Hay una orientación de cara a dónde tienes que ir para realizar cada trámite, si tienes que entregar o gestionar documentación o cualquier cosa similar. En realidad, parece que no, pero es bastante complejo. Por ejemplo, a la hora de llevar a cabo un cambio de vivienda, tienes que saber a dónde hay que ir para cambiar la dirección, la tarjeta sanitaria, te toca hacer muchas cosas así.

Solo un 1% de la juventud tutelada consigue alcanzar los estudios superiores. Estudia Educación Social, ¿por qué cree que su caso marca la diferencia?

A mí me gusta ponerme metas e ir hacia arriba, siempre quiero conseguir más. Al estar en una situación complicada, te das cuenta de que si no sales tú adelante nadie lo va a hacer por ti. Te mueve la fuerza de querer conseguirlo por ti misma. Es fundamental ponerse objetivos, sin ellos no hay meta.

¿Cuáles eran los suyos?

Mis objetivos principalmente eran mejorar la vida de los niños y niñas tuteladas, utilizando mi propia experiencia personal. Por eso estudio Educación Social, me gustaría cambiar aquello perjudicial para ellos, en base a mi criterio pero preguntando y teniendo siempre en cuenta su opinión. Quiero transmitir afecto, ser una persona de referencia para ellos y ellas, mostrar apoyo. Me parece fundamental aportar las herramientas que necesitan para llegar a donde ellos consideren, sus sueños o metas, preguntar e interesarme por cuales son sus ilusiones. Esas eran mis motivaciones cuando elegí esta carrera.

¿A qué achaca el fracaso escolar imperante entre los y las jóvenes tuteladas?

En esa situación, se carece de una red de protección y apoyo familiar, que es importante a la hora de conseguir sus objetivos. Además de eso, considero que la propia situación les condiciona un poco a nivel personal. Muchas veces se piensa que no puedes lograr ciertas cosas porque estás en una condición un poco diferente a lo que sería lo cotidiano en un estudiante. También hay una cierta prisa por conseguir trabajo y ser autosuficientes. Me parece que habría que hablar más con ellos y averiguar sus aficiones, preguntar qué les gustaría ser de mayores, generar esa expectativa.

Su intención es hacer las prácticas de la carrera en un piso tutelado de Igaxes3, en el que trabajará como educadora.

Sí, es mi intención, y espero llevarla a cabo el próximo año. Creo que me puede ayudar mucho en mi formación. Ahora mismo tengo la perspectiva del funcionamiento de la vivienda desde dentro, y con esto ganaré también una visión exterior. Esas dos visiones creo que van a contribuir a convertirme en mejor educadora social, y a completar mi formación.

¿Cuál será su papel allí?

Quiero que mi papel allí sea de acompañamiento en el proceso de aprendizaje de los niños y las niñas mediante el cual se forman y acceden al mundo laboral. A día de hoy, muy pocas personas tuteladas llegan a la universidad, y mi objetivo es conseguir que más jóvenes tutelados alcancen estos estudios superiores. El punto de partida es determinar cuáles son sus capacidades y habilidades, y tratar de orientarlo a lo que ellos puedan dar o se les de mejor hacer. Hay que demostrarles que su situación no les tiene que condicionar, que si tienen las capacidades y quieren, pueden hacerlo. Quiero mostrarles el apoyo que se necesita en esos casos.

Hace mucho hincapié en lo necesario de tener en cuenta su opinión y preguntar.

Sí, creo que no se tiene muy en cuenta lo que ellos y ellas puedan pensar u opinar. Al fin y al cabo, son personas que tienen menores a su cargo y a veces tienen que tomar una u otra decisión a la fuerza. A mí personalmente me parece fundamental preguntar e interesarse por lo que el niño o niña quiere y busca. Me parece importante también explicarles lo que están viviendo, porque a veces se crean situaciones de incertidumbre. Son temas complicados, y aunque a veces da reparo decirlo, los niños se dan cuenta de que algo pasa.

¿Cree que los medios de comunicación transmiten una imagen equivocada del colectivo de menores tutelados?

Me parece que la imagen que se transmite es muy mejorable. Existe una tendencia a creer que las personas tuteladas son conflictivas o tienen algún tipo de problema. Se suele asociar al colectivo a aspectos negativos. No se considera que a lo mejor la persona tutelada es alguien con una situación que no depende de él o de ella, sino que hay una causa familiar detrás.

¿Existe un desconocimiento general sobre el tema?

La verdad es que sí. Hay programas de televisión que alimentan ese estereotipo. Por ejemplo, el caso del concepto de “menor” se emplea para dirigirse a un menor que está en una institución. Cuando se habla de una escuela o un colegio, no se habla de menores, se dice niño o niña. La palabra menor tiene esa connotación negativa. Cuando alguien habla de un centro de menores, parece que se habla de un reformatorio, se asocia a personas conflictivas que tienen que reformarse y modificar su conducta, y no es así. Los medios tendrían que transmitir la realidad tal como es: los menores tutelados son persona que por una serie de dificultades tienen que acceder a unas instituciones, pero que no por ello son conflictivas.

Marta Otero
www.laopinioncoruna.es

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